Cien años y un ratito . . . . . . . . . 1

 

de Irazusta

(somos creadres del cosmos universonal

donde repetimos la historia

en un horizonte cada vez mas claro)

Fuimos a Irazusta, como diría un amigo, los pagos terroríficos del sur entrerriano, donde solo ir, asusta; Irazusta, que también se llama Villa Eleonora, estuvo unos días cumpliendo 100 años y podía verse por todos lados vestigios del fiestón de un pueblo tranquilo pa los tranquilos, en carpas enormes, vecinos desarmando, limpiando, alguno paseando un pedo machazo, de 100 años. Pa decir la verdá, hay que exagerar, fue una tarde de 100 años, no sería entrerriano mi cuento sin la exageración, es que en la distorsión que vivimos hay momentos en que el mundo se ilumina tanto, que la exageración mas grande es un poroto a la hora de contar lo que sea, y en la distorsión que vivimos quedamos pegados  a esas cosas hermosas y las quisiéramos atrapar para siempre y en ese atraparlas le cerramos la puerta a la iluminación del vivir que en realidad es siempre, y en la distorsión que vivimos, es fácil encapsularse en una linea del discurso por eso hay que irse por las ramas pa ir arrimando el bochín al cuento que al final es la totalidá del universo y que es mas pa sentir, que pa pensar. Por eso callarse la boca es propio del sabio y no de uno que no puede parar de hablar porque los kilombos del mundo lo llevan puesto y solo hay momentos en que se iluminan las cosas y uno queda acá pegando los pedazos del bolazo, lo que es pior a traición de saberse distosionau y llevarse puesto al lector-oyente en la ilusión de contar algo que sirva para algo.

 Estábamos remontando barriletes a un costado de la laguna, con un grupo de gurises especiales de un colegio de la zona norte de buenos aires, que habían venido como invitados a los festejos del centenario, cuando apareció Saavedra mamau, pero bien mamau, con mucha entereza en un pedo que parecía de años, no parecía distinguir mucho quienes éramos ni que hacíamos ni siquiera le importaba, vio los barriletes y la gurisada y nos vino a decir que el era el encargado del lugar y extendiendo las manos por el horizonte nos dijo que usáramos todo nomás, empezábamos una charla con Saavedra, cuando se arrimo uno de los gurises gesticulando un lenguaje propio que Saavedra no llegaba a entender pero igual le contestaba, y por eso de que uno no es sabio y se mete a racionalizar le digo a Saavedra no te va a entender es un gurí especial, y Saavedra haciendo un esfuerzo de esos de mamau le clavo los ojos al gurí mientras lo tenia agarrau de la mano y se tambaleaba pa tras y pa delante agrandando y achicando las pupilas hasta que vio.

Justo cuando el gurí termino sus gesticulaciones, Saavedra mirandolo, hablando bajito le dijo – te entiendo mucho, pero no se lo que me estas diciendo.

Advertisement

2 Respuestas a Cien años y un ratito . . . . . . . . . 1

  1. Anónimo dice:

    que lindo negro, me gusto mucho, tas escribiendo cada dia mas lindo, un abrazo!

  2. Anónimo dice:

    lo que pasa que cada dia es mas lindo

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.