nada sabemos del pasado con certidumbre ni siquiera que es falso (Jorge Luis Borges)
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éste es el relato de partes de un viaje y su espíritu, algunas partes fueron escritas antes y muchas relatadas oralmente en muchas ocasiones. Siento, como ha sido dicho, que todo arte es inútil. Y alguna ilusión conservo, por eso escribo este cuento sintiéndome loco, diciendo que lo que te crees es la realidad. El cuento que somos nos mantiene vivos, los impulsos que vibramos, son emociones de un delirio espectacular, un cuento sentimental hermoso que nos atraviesa, nos gusta y nos duele, contenido por el miedo y el amor.
si algún valor tiene este relato ojalá sea convidar al lector ganas de soltarse a un viaje que sucede de cualquier manera mientras lo vamos armando en banda; si hay una razón para hablar, debería ser llegar un día a un verbo depurado; el pedazo de cuento que la historia es en mi, es un atorrante que se siente bueno, debe ser por eso que hablo así medio como capitán serio.
dos cosas voy a decir de este relato que ahora empiezo: que seguro los recuerdos son en gran parte creados por mi memoria, que quisiera reservar su intimidad, y que lo que dice es la verdad, aunque no exista.
(entre líneas: releo lo escrito, hasta aquí y me parece frío y serio, la seriedad no debería estar entre las cosas serias, porque en las tensiones en que se vive, pensar que algo es serio es también pensar que otro algo no lo es y nada es sin ese otro, como estas líneas bolaceras, no son sin la seriedad, ni sus entrelíneas, por eso un cuento dice mas que cualquier explicación??)
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éste viaje se gesto en argentina, en la vida de estudiante y militante vago en la capital, y partió desde el sur entrerriano, las rutas imaginadas para viajar eran medio borrosas y contradictorias, la plata era poca y estaba bueno; adentro latía el soltarse y quedar parado mirando el mundo donde tocara, con una mano atrás y otra adelante, solo por ver como era, como se sentía, nada mas irse tenia mas sentido que empujar cotidianamente un mundo que era un bolazo, que oprimía el pecho con cualquiera de sus ofertas de futuro, donde las opciones a seguir eran propuestas de un sistema bola de nieve que nos llevaba puestos a todos como engranajes, la situación nos superaba por todos lados. el ruso tenia claro que quería ir a cuba, eso era todo, yo imaginaba la vuelta de Sudamérica y capaz y después Montevideo a vivir un rato nomás, Luciana creo que quería nada mas viajar. arrancamos el dedo en una camioneta, una vez montados nos preguntaron, adonde van? – él va hasta Cuba, nosotros no sabemos, capaz la vuelta de Sudamérica y después a Montevideo (se miraron y se rieron) -bueno nosotros los llevamos hasta Concordia (tres pueblos mas allá). Así arranco la travesía con el viento en la cara, en la caja de una camioneta; andar sin saber y sin importar donde ir, sintiendo el viento en la cara, mirando nomás; viajar (ahora lo veo) fue la posibilidad de contemplación en mi delirio, en el ruido mental que solo se apagaba en esos momentos en que se esta yendo a quien sabe que y que no importa, importa estar ahí despierto y ver, en la vida sin calendario.
Un día después estábamos a mil kilómetros en Misiones, un pueblo llamado El Dorado buscando, deambulando con los sentidos para ver donde podíamos tirarnos a dormir y comer algo, paramos en un kiosko despensa, Luciana, con la guitarra en la mano y su voz hermosa hablo para pedir algo y la encargada se fascinó y quiso escucharla cantar, le explicamos que la guitarra era en realidad del ruso que estaba aprendiendo y nos invitaron a comer un guiso espectacular, con vino, en una mesa grande donde se amontono toda la familia, con guitarrero incluido, tan recién llegados y tan como en casa, el ruso toco las canciones que sabia, un poco le aullamos nosotros al lado y el dueño de casa toco con maestría todos los ritmos de la zona, de los que recuerdo ahora el chotis. Chochos de que el mundo sea tan lindo, dormimos atrás de una estación de servicio, con la panza llena y el corazón contento, tiramos las bolsas en el piso y dormimos con una sonrisa en la cara, al otro día nos tocaba salir a la ruta a hacer dedo hasta
las cataratas.
Escribir para decir que no hay palabras, es una paradoja, debe ser por eso que dicen que la realidad es paradojal, yo que ser, tanta magnitud es emocionante y es paz al mismo tiempo, deja sin palabras… menos mal; buscar metáforas que provoquen emociones, que intenten reflejar lo que se vive frente a un fenómeno, no tiene sentido, nunca trasmitiría, sería poesía, sería otra cosa; talvez digo algo si digo que frente a paisajes naturales como las cataratas o como el mar o frente al fuego, uno queda frente a lo elemental, a la inmensidad de un presente que nos inunda y nos es (también pasa frente a un monitor o en un colectivo, pero la costumbre el barullo mental nos cierran) hasta que lo queremos explicar para contarlo, para contarnos a nosotros mismos, el cuento que somos y en el cual viajamos; el barullo que no te deja nada mas estar frente a las cataratas sintiendo y te pone a escribir que el viaje siguió
en brasil.
Pasamos un día entero haciendo dedo sin suerte, o con la suerte de que no nos levante nadie, frente a una estación de servicio que usábamos para tomar agua y finalmente para dormir hasta el otro día, previa cena en un tenedor libre en el que comí hasta que me dolió la panza; los empleados nos contaron de la inmensa campaña de los medios a favor de la inseguridad, junto con la violencia de la exclusión crece el miedo, que es bombardeado por los medios y el negocio de la seguridad crece sin limites, la gente no se permite el tacto de ver al de enfrente porque antes tiene miedo, el cuento que nos lleva tiene tantos trasfondos como personas, y el lucro en casi todas las cosas; al segundo día utilizamos la estrategia de hacer carteles con los destinos preferidos, todos los que pasaban estallaban en risas mirándonos sostener los carteles, nunca entendimos porque y pasamos el día al borde de la ruta riendo de como se reían de nosotros; a la tardecita paro un camioncito del año 40, echando humo y haciendo tanto ruido que en la cabina, en la que casi no cabíamos con las mochilas, teníamos que hablar a los gritos con el chofer, los cuatro traspirando chorros, felices en camino, escuchando y entendiendo la mitad a un brasilero que cumplía con nuestras expectativas románticas sobre brasil, su alegría y buena vibración, a la velocidad que esa nave podía, brasil nos fue chupando rumbo norte.